Mostrando entradas con la etiqueta Charles Taylor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Taylor. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de mayo de 2013

ENTRE NOSOTROS

 



Entre nosotros: tengo la impresión de que la gente que me rodea piensa que vive en la época más catastrófica de todas las épocas posibles; que si la sociedad actual genera una esclavitud jamás vista a través de los sistemas políticos  vigentes y de los medios de comunicación; que si los nuevos límites de la libertad no están claramente definidos debido a las nuevas tecnologías y sobre todo a Internet;  que si los políticos, que si la sociedad civil…; en definitiva, que ya no existe ni igualdad, ni libertad, ni justicia.

Bien, pues si la igualdad no existe, si la libertad no existe y, si la justicia no existe, ¡¡tendremos que imaginarlas!!

Una de las preocupaciones del quehacer filosófico es la construcción de una sociedad justa que arranca en el siglo V a.c. en Grecia y llega hasta nuestros días. Es evidente que, a lo largo de la historia, diferentes pensadores se han preocupado, además de por establecer una teoría de la justicia, por las “formas” en las que puedan realizarse para ofrecer una vida humana más digna.

Y dentro de este debate acerca de la justicia apareció un libro publicado en 1971 que lleva por título A Theory of Justice, del filósofo norteamericano John Rawls.  Rawls, que se distancia de las tesis utilitaristas ya que le parecen injustas porque sacrifica a los individuos y su libertad con el fin de perseguir la felicidad de la mayoría, entiende que una sociedad justa es la que trata a sus miembros con igual respeto y consideración, tomando como punto de partida que el hombre es un ser racional y razonable.

Esto quiere decir que, aunque las personas sean egoístas y persigan sus propios intereses individuales, somos capaces, al mismo tiempo, de adquirir un sentido de la justicia que implica la preocupación por los demás. Kant, lo decía de esta manera en La Paz Perpetua: “el hombre está obligado a ser un buen ciudadano aunque no esté obligado a ser moralmente un hombre bueno”.

Dentro de esa propuesta de diseño de una sociedad justa,  Rawls propone una situación ideal que sea la condición de posibilidad para intentar establecer una idea de justicia que satisfaga a todos los miembros de la misma, siendo consciente de que para establecer unos principios comunes, las sociedades, por muy  democráticas que sean, son en el fondo, desiguales, debido a que en la tradición occidental la justicia se entiende como imparcialidad.

Por eso Rawls diseña una situación imaginaria que denomina “posición original” en la que los miembros de una sociedad no saben qué características naturales y sociales van a tener, o lo que es lo mismo: imagínense una especie de reunión de personas que son iguales entre sí y que ignoran todo sobre su posible situación, presente o futura: no saben si van a ser hombres o mujeres, ricos o pobres, negros o blancos… Ignoran, por tanto, “su concepción particular del bien”.

A este desconocimiento imaginario, Rawls lo denomina “velo de ignorancia”, ya que como nadie sabe cuál será su condición y circunstancias, solo desde esa perspectiva se podrán determinar unos principios que beneficien al máximo al peor situado. Por eso, para Rawls la libertad será un engaño si no se contempla al mismo tiempo la corrección de las desigualdades.

Es evidente. Lo ideal sería que todos los hombres fuesen iguales, pero como eso no es así, Rawls introduce lo que denomina “el principio de la diferencia”, en el que como todos estamos sujetos a una suerte de lotería natural y social, considera justificadas las desigualdades que beneficien a los menos aventajados ya que, de esta manera, se puedan asegurar un nivel de vida digno.

John Rawls está considerado uno de los filósofos políticos más importantes del siglo XX, profesor en Harvard, siempre intentó conciliar los principios de igualdad y libertad, apostando por una serie de ideales éticos realizables. No rehuyó nunca las críticas, ni el debate; ¡al contrario! De ahí que, encontrarse a día de hoy con Rawls, se hace necesario para volver a (re) formular planteamientos que, a favor o en contra, nos lleven a un debate, interno y externo, público y privado, sobre qué sociedad queremos y qué modelo es el mejor para llevarla a cabo.

“Sin tejido asociativo”, afirma Charles Taylor, “el poder político, tiende a la tiranía”. Por eso, la necesidad de una ética para la política debe ser el punto de partida para el establecimiento de un debate reflexivo y abierto.

Max Weber, decía que había dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive “para” la política, o se vive “de” la política. La diferencia está en la grosería.

Por eso, entre nosotros, y volviendo a Charles Taylor, “la democracia no es un conjunto de leyes, sino un proyecto de convivencia”. ¿A qué estamos esperando?
 
Enrique López
                                                                                                                           
                                                                                                Imagen: Banksy (Graffiti)