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viernes, 5 de febrero de 2016

MÚSICA + POESÍA = FILOSOFÍA



Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe, 
así he vivido yo
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.

Y aunque tú no lo sepas, 
yo te he visto cruzar la puerta sin decir que no, 
pedirme un cenicero, 
curiosear los libros, 
responder al deseo de mis labios 
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado en la cama,
sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces, 
la misma que se queda fría
cuando tú te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, 
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan, 
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo, 
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.


Poema de Luis García Montero
Música y recitación, Carlos Tarque y Leiva 

sábado, 9 de marzo de 2013

DETALLES




Saber mirar, contemplar, no es ver. Los sentidos, sus capacidades, son diferentes. Sin detalle no hay identidad, y saber acercarse no es fácil.

Hay que estar dotado para mirar, para escuchar. El don, dice Maurice Blanchot, “es un espacio cerrado del que uno se rodea para gozar de un placer clandestino. Los que no tienen el don se quedan afuera; y quienes lo tienen entran y salen a gusto”.

A primera vista, las cosas parecen. La totalidad nos rodea y nos niega a la vez, se convierte en algo cotidiano, predecible, que desborda en su conjunto.  La costumbre, afirma Marina, “nos hace ver las cosas al por mayor”.

El detalle, por el contrario, necesita cuidado, atención, finura. Mirar atentamente invita a reconocer un orden, algo digno de ser contemplado, la parte de un todo.

Y es que, a veces, conviene detenerse, tomar distancia, salir de la rutina que es, en palabras de Gracián, “la ordinaria carcoma de las cosas”. Porque parece que todo es lo mismo, que todo es igual, pero aún hay cosas, demasiadas, que quedan por descubrir.

Contemplar implica diálogo, reciprocidad, fascinación. La contemplación es un juego libre porque no apunta a ninguna finalidad preestablecida. Solo el amor puede  hacer que las cosas sean de un modo especial, “lo bello solo existe para el que es bello” decía Plotino, porque es independiente de la utilidad y el consumo.

Para saber mirar es necesario derrotar la prisa, sosiego, un mínimo interés, tiempo. No se trata de gozar “de algo”, sino “con algo”, porque el sentir humano es un sentir estético. No se trata de digerir de una manera pasiva, sino de aceptar lo contemplado y entablar con ello una comunicación que es, a la vez, sensible y racional.

Contemplar, recoger el guante del reclamo, de la provocación. Hacer que nuestra voluntad se detenga. Descubrir un nuevo sentido en las cosas: saborear la eternidad. Establecer una forma de comunicación distinta de la habitual. Abrir ante nuestros ojos, u oídos, un mundo diferente, diverso. Conseguir, al fin y al cabo, que nuestra atención quede raptada, atraída, seducida, supone una nueva experiencia, un rescate: prestar atención a los detalles, porque “el que ha sabido mirar, siquiera un árbol, ya no muere. Es la lección y la esperanza de toda vida contemplativa”, María Zambrano.

Enrique López

(Imagen: Alberto Díaz,  María Zambrano )